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Así debemos construir el pacto educativo

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El ministro Gabilondo acaba de presentar al Consejo Escolar del Estado un borrador con 104 propuestas sobre el Pacto educativo. Sin embargo, hay cuestiones de gran importancia que no se tratan ni de lejos, y que parecen no entrar en las previsiones del Ministerio. Alfa y Omega ofrece cuatro propuestas imprescindibles, elaboradas por otros tantos expertos, que el titular de Educación no debería obviar, si desea elaborar una buena legislación educativa.

Una agenda, no un pacto


Visto desde el extranjero, los problemas que podría tener España en el campo de la educación podrían ser:

  1. Haber confiado demasiado en la nueva pedagogía. Hay menos enseñanza sistemática y menos control de los conocimientos obtenidos. Junto con eso, ha habido una disminución de la autoridad del profesor.
  2. Resultados decepcionantes en las comparaciones nacionales e internacionales.
  3. La entrega a las Comunidades Autónomas de gran parte del poder de decisión sobre la educación, lo que ha llevado a una falta de cohesión y de metas en común.
  4. Discordia alrededor de los colegios concertados y Educación para la ciudadanía.

De estos puntos, los dos primeros afectan más o menos a casi todos los países occidentales. Son muchos los países que se sienten engañados por los pedagogos, y todos, sin excepción, quisieran mejorar sus resultados educativos. España, además, se permite el lujo de dos problemas adicionales que quitan fuerza al esfuerzo de mejorar la educación. Desde fuera, el debate alrededor de Educación para la ciudadanía y de los colegios concertados parece una maniobra pensada para desviar la atención de los ciudadanos de los problemas de la calidad de la educación pública.

En Suecia, la mejora de la educación es uno de los temas más candentes en el debate político, y el ministro ha sido muy activo durante los tres años y medioque lleva en el cargo. Lo que propone no es un pacto, sino una batería de nuevas leyes: una nueva formación docente con más exigencias; un certificado docente válido para ciertas materias y para alumnos de cierta edad; un nuevo sistema de notas; un nuevo Bachillerato y una Formación Profesional con opciones más diferenciadas; un nivel mínimo más alto para pasar de ESO a Bachillerato o a la Formación Profesional; un tipo de reválñida de la ESO y de Bachillerato teórico; una nueva ley de ordenamiento jurídico escolar; y unas escuelas piloto de alta calidad en diferentes materias.

Si esto ha sido necesario en un país con menos habitantes y una situación política menos complicada que la española, sorprende que alguien piense que se pueda organizar un pacto educativo en España en unos pocos meses.  Lo que se puede pactar podría ser una agenda para ir mejorando punto por punto los diferentes factores que influyen en la calidad educativa. habrá que lidiar con grupos de presión muy fuertes como los sindicatos y las Comunidades Autónomas.

¿Hay un consenso para hacer esto, que es necesario pero políticamente muy ingrato?

Inger Enkvist

Profesora, pedagoga y analista educativa internacional.


Objetivo: La calidad. Y nada más.

Si de verdad se quisiera hacer un pacto para mejorar la educación en España, lo primero que habría que plantearse es la identificación de su objetivo central sobre el que se trata de ponerse de acuerdo. Tal meta no es otra que la calidad. Porque nuestra educación tiene un nivel más bajo del que nos corresponde, y las sucesivas reformas no han contribuido precisamente a mejorar la enseñanza.

Una educación de mala calidad se presta a ser manipulada. Como carece de vitalidad propia, se instrumentaliza para que sirva a otras finalidades. Se la pone al servicio del nacionalismo de cortos vuelos. Se instrumentaliza ideológicamente, con objetivos pedagógicamente triviales: Educación para la ciudadanía, vulgarización sesgada de las Ciencias contemporáneas o introducción (más bien perversa) a las prácticas sexuales. Una educación de alto nivel expulsa a estos cuerpos extraños. Pero si casi nadie concede importancia a la enseñanza misma, se desencadena un debate político que es irrelevante y perjudicial.

El camino recto conduce a dignificar la figura del profesor. Estamos presenciando una penosa tendencia a despreciar la persona y la tarea de los maestros, a remolque de unos enfoques pedagógicos presuntamente avanzados que han conducido a un fracaso tras otro. La valoración del profesor corre pareja al aprecio por el conocimiento. Cuando el saber ya no es el fin de la enseñanza - y se ve sustituido por propósitos tan indefinidos y retóricos, como las competencias, las destrezas y las habilidades-, los profesores se convierten en una pieza accidental: no se les respeta, ni se les considera, ni se les retribuye. Y una de las claves decisivas para lograr la mejor cualificación de los docentes consiste en que el sistema de acceso al profesorado sea serio, homogéneo, exigente y justo.

En cambio el pacto educativo no debe recaer en una discusión acerca de las posibles reformas de los planes de estudio, en un debate sobre cambios de los ciclos educativos o los sistemas de evaluación. Todo eso es adjetivo y accesorio. Serán quizá temas de interés político y con repercusión en la opinión pública. Pero la educación tiene poco que ver con los medios de comunicación y menos aún con los foros políticos. Con lo que tiene esencialmente que ver es con la formación intelectual y ética de los estudiantes. El pacto sólo se logrará si su objeto es la educación y nada más.

Alejandro Llano.

Catedrático de Metafísica y ex Rector de la Universidad de Navarra

 

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